Prueba de ingreso [Maria-chan, Roxas]

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Prueba de ingreso [Maria-chan, Roxas]

Mensaje por Sagara sousuke el Lun Ago 18, 2008 6:27 pm

ROL MASTER



Un día de primavera, en los campos del distrito 37 del rukongai las mariposas revoloteando por los campos, el ambiente era agradable, cualquiera que pasaba por aquellos campos podía disfrutar de una buena siesta debajo de un cerezo, leer, comer, todo lo que unas personas humildes como las del rukongai podían tener como bien mas preciado de la zona.
Para los padres ver a los hijos correr por los campos era un signo de felicidad absoluta, ya que de mayores se enfrentarían al cruel destino de lo que es vivir en el rukongai... hasta no hace poco los ciudadanos pedían al alcalde que se construyera un parque en condiciones en el campo para la juventud, el alcalde accedió, ya que el también tenia hijos y quería que fuesen felices.

Aquella tarde las tres almas eran visitados por uno de los representantes del alcalde del pueblo, dejando asi un recado que en los campos de las afueras de la ciudad, mañana se celebraría un festival para inaugurar el parque construido gracias a la ayuda de los ciudadanos que codo con codo construyeron con sus manos.

Poco a poco paso la tarde poniéndose el sol hasta dejar caer la noche y ver la esplendida luna brillante iluminando los campos que por la noche pintaban diferente, como si de un desierto de flores se tratase. Llegado el día todos allí se reunían, era un día importante para las almas que allí residían.

Información Meteorológica:
Spoiler:
Un sol abrasador pero calido unos 35º, el ambiente es agradable y se podía notar en el aire un fresco aroma a la multitud de flores.

Spoiler:


Roxas



Se siente bien… , otro día más en el rukongai, hace calor, me invade el calor, hace mas calor que en Surrey, pero no es insoportable, mas bien, es llevadero, tranquilizante. Hace tiempo que no me sentía así.
Desde que llegue aquí he conocido de todo, porque ahora todo es nuevo para mí. Me han tratado bien, entiendo que es ser hija, entiendo que es ser libre. Y entiendo que es un regalo…
Abrí los ojos y estaba tirada bajo una sombra muy grande que se intercalaba con la luz del sol. El aroma de las flores atontaba, no te quieres mover, es paralizante y penetrante, y una vez mas tranquilizador. Sentía que tenía pegado el kimono al cuerpo, y tenia calor.
¿Cuánto dormí? , pensé. Me falta una zoori, volví a pensar sintiendo mis pies. Todavía acostada me gire y amarré mi cabello en una cola sobre la nuca.
Una vez sentada bajo la misma sombra, pude apreciar una vez más lo que tenía: Seremos gente humilde, pero sabemos apreciar lo bueno. Extensiones de campo verde, árboles sobre las dos pequeñas colinas que comprendían tan vasto prado. Y un festival de flores de cuantos colores pudiese pedir. Aquí es todo… feliz, para mi no-costumbre.
Donde fui ubicada, en el distrito 37, todo es quietud y calma, un verdadero descanso para cualquier alma agotada y agobiada y yo no era precisamente un alma tranquila. Me sirvió de sobremanera llegar a ese lugar, como si ya hubiese estado programada mi llegada.
Mira esas mariposas volar, ¿no te dan ganas de salir volando con ellas? Sí, dar un paseo, ver a la gente divertirse, ver esos niños corriendo por todos lados. He escuchado de los adultos que llegan un buen tiempo aquí, que fuera de este distrito hay otros muchas veces mas hostiles y peligrosos, y no se si creerles, aunque debería, no conozco que hay fuera de estas fronteras ni mucho menos de algo mas allá. Aunque me gustaría ver, no es mala idea. Pero no me quedo aquí donde hay seguridad, este sentimiento de incertidumbre no me deja, es fuerte.
Hasta no hace poco los ciudadanos pedían al alcalde que se construyera un parque en condiciones en el campo para la juventud. Así fue, no es tan difícil a cooperación de las personas hasta donde pude observar. El silencio me lleva a conocer diferentes planes y diferentes pensamientos.
Los ciudadanos trabajaron por un bien común, una tal llamada felicidad colectiva, y construyeron el parque. Pues como todos tienen hijos aquí, es una fotografía de campo verlos jugar.
Y celebrar nos invitaron. Un representante del alcalde pasó con el aviso de una celebración para inaugurar el nuevo parque, a las afueras de la ciudad. Ya estaba bien, todos habíamos puesto nuestro grano de arena para levantar el parque.
Pero que rápido para el día cuando uno se divierte. Cuando pensé que tenia que volver a lidiar con mi gran problema luz-sombra, ya el sol me pegaba sus últimos rayos en toda la cara. Y me gustó. El campo se trasformó. La avalancha de luz roja convirtió los árboles de colores vivos y primaverales en un cuadro rojizo de colores otoñales, mi otoño de bolsillo.
Tapar el sol con el dedo si es posible y cuando lo logras conoces que revela: la más hermosa de las imágenes que solo la retina del ojo puede procesar. Un mar de fuego de pétalos, colores que en tu vida pensaste que podían cambiar lo hacen. ¡El verde!, no es verde, es café. Parecía todo seco.
Aun así, con tal maravilloso espectáculo pensé: Todavía tengo miedo. No te vayas sol. No quiero que termine, no más cambios.
Y también pensé: Ahora viene la noche, ¿Qué me traerá de nuevo? A dormir.
¡Es hoy, es hoy!, decían los niños, corrían por todos lados. Por mi lado conté el paso de al menos 10 niños que corrian como si al fiesta fuese a terminar, y no habia ni empezado. Vi parejas, vi gente moviendo en una sola direccion. Sigamos.
Hoy es el día en que celebramos un avance importante,
pensé con entusiasmo.
Que habrá de bueno, pensé con desdén.
Suficiente, resolví, disfrútalo, me obligué.


Dark-kira



Un día más aquí en el Rukongai... -pensé-.

Iba caminando por el distrito 37 hacia la inauguración de aquel parque que tanto habían publicitado.
Aún recuerdo al alcalde estos días atrás cómo se ponía medallitas cada vez que sacaban el tema de conversación sobre el parque, y sino, ya lo hacía el gustoso.

Absorto en mis pensamientos, seguí a mis pies sin rumbo fijo, hasta que me llevaron a una gran verja (cancela) de hierro cuyos barrotes estaban recien pintados de color plateado. Ésta sólo tenía abierta una puerta, por lo que las almas entraban conglomeradamente al recinto. Un par de minutos más tarde, me encontraba viendo una gran extensión de césped, que junto a serpenteantes caminos de tierra que se sumían entre lo verde, y que junto a verdes cipreces, cerezos y gran cantidad de setos formaban en su totalidad un magnífico parque.

-¡Parece que hemos hecho un gran trabajo, eh chico! -me vociferó un hombre de gran envergadura y ceñudo que se había puesto a mi lado-.
Di un brinco del susto ya que como por arte de magia aquel hombre se había situado a mi lado sin apenas darme cuenta.

-Sí, tiene buena pinta... -le respondí, aunque con un tono normal-.
-¿¡Sólo buena pinta!? -me volvio a gritar-.
-¡Sí supieses el trabajo que nos ha costado levantarlo!. Chico, esto es el resultado de lo que las almas unidas pueden hacer para ayudarse unas a otras. Con esto uno puede darse....

La voz del hombre ceñudo llegó a mis oídos en off, ya que sabía que me iba a dar la charla al igual que la dió el alcalde en su día, y no tenía ganas de aguantar a un segundo alcalde, por lo que sólo me dediqué a asentir con la cabeza y devolverle una sonrisa.
Al cabo de unos 5 minutos, parecía que el hombre se había cansado de hablar, por lo que aproveché para escabullirme.

-Bueno señor, me tengo que ir ya que he venido aquí a estudiar un rato. -dije mientras señalaba con mi cabeza a una mochila de color negro que tenía colgada del hombro-.
-¡Claro, claro, chico! -me dijo entre carcajadas el hombre-. ¡Ven siempre que quieras a este parque, y sobretodo estudia mucho que eso es bueno!

Hice caso omiso a su consejo, ya que no me gustaba mucho estudiar (aunque no se me daba nada mal), por lo que estirazé un poco el cuello para poder divisar mejor el lugar donde me iba a poner.
De repente una brisa se elevó y me meció suavemente el cabello.
Ví un gran árbol que daba una sombra estupenda, pero que por desgracia, una chica con kimono ya había ocupado, y ésta se encontraba durmiendo, por lo que no quise molestarla y proseguí un poco más sobre aquel extenso prado en la búsqueda de otro árbol que diese sombra.

Al fin encontré una que se asemejaba a lo que estaba buscando, por lo que me acerqué a él y solté mis cosas. Más tarde me apoyé en él y saqué un libro de matemáticas.

-No creo que me hagan falta aquí
Por lo que lo volví a meter en la mochila y en su lugar saqué uno de Kidous y Hadous.

Inmerso en mi lectura, dejé de escuchar las voces de los niños que jugaban, también el parloteo de las personas mayores que se encontraban un árbol más allá en una animada conversación, y sólo me sacó de ésta una pelota que fue a dar en el libro que tenía en las manos.

Seguidamente un niño de pelo negro y no muy alto se acercó, y pidiéndome disculpas me pidió la pelota. Yo accedí encantado, ya que aunque nunca me había planteado tener niños, no me desagradaban.
Éste se alejó rápidamente, y volviendo yo a mi libro se me pasó la tarde muy rápidamente.


Maria-chan



-¡Cuidado!- grité cuando uno de los muchos críos que corrían por allí se cruzo por mi camino empujándome. “No me gustan los niños” pensé de mal humor, eso me hizo acordarme de mi hija; hacía ya muchos años que había dejado de preocuparme por ella. No sabía si los bebés tan pequeños irían al Rukongai o a otro lugar específico para ellos; pero de cualquier modo, después de todo este tiempo, ya sería toda una mujer y aunque hubiera sobrevivido, me resultaría imposible encontrarla. Además, no creía que me recordara, por lo que aparecer en su vida a estas alturas y decirle: “Hola, Aysel, yo soy tu madre” no serviría más que para desestabilizarla.
Seguí caminando. Después de varios días vagando por distintos distritos en busca de algún trabajo para ganarme algo de comer, llegué al número 37. Era un barrio tranquilo, los niños gritando y jugando por todas partes, los adultos hablando sentados en bancos disfrutando del buen clima… en fin, todos deleitándose con la maravilla de estar vivos. Y yo aquí, con hambre y cansancio… pero a la vez sonriendo.
Me gustaba sentir el sol en mi piel oscura, la vista de los campos de secano amarillos y la suave brisa acariciando mi rostro, me recordaban a mi tierra.
Decidí sentarme en un banco, para observar a mi alrededor, bajo la gran sombra de un sauce llorón que me acariciaba con sus largas ramas.
Oí decir a varios ancianos que hablaban sentados en sillas de mimbre a la puerta de la casa de uno de ellos, mientras dejaban pasar la tarde; que el parque era reciente, más exactamente que lo estaban inaugurando, y que había sido construido entre todos los habitantes de ese distrito para que los niños pequeños disfrutaran jugando en un sitio tranquilo.
“Vaya” pensé “aunque parezca mentira, la gente es capaz de unir sus fuerzas por el bien común. A veces soy demasiado pesimista y pienso que por qué esforzarse por los demás cuando ellos nunca van a hacer nada por mí, pero cuando veo que hay gente que se ayuda mutuamente, me dan ganas de felicitarles por hacerme rectificar mis pensamientos.”
Grrrrgggg… “¡Oh! ¡Qué vergüenza! Otra vez estas tripas quejándose, la verdad es que tienen razón tengo mucha hambre… a ver…” rebusqué en mi pequeña bolsa “aún me queda algo de dinero… ya sé, voy a buscar algún restaurante baratito por aquí.”
Me paré en un pequeño carrito-bar en el que preparaban algo de arroz con diferentes acompañamientos. Elegí lo más barato y esperé. “¡Qué calor hace! Con los fogones tan cerca me voy a deshidratar. ¿Cómo podrán estar trabajando aquí los cocineros todo el día?” Terminé rápido mi plato y salí. Ahora me parecía que la temperatura exterior era bastante más baja. Disfruté sintiendo el aire en mi piel y comencé a andar.
No me gustaba quedarme en un sitio fijo, no quería involucrarme con nadie ni atarme a ningún lugar. Quería ser libre y para ello cambiaba de residencia constantemente. Aunque lo cierto era que se me estaba haciendo tarde… el Sol había comenzado ya su viaje de vuelta y descendía por las laderas escondiéndose de mi vista, mientras arrancaba un despliegue de colores y matices que me dejó sin habla mientras lo contemplaba.
“ :plis: es precioso…”
Pero a la vez que era agradable ver los últimos rayos de luz bailar entre montañas, el frío de la noche se empezaba a notar también.
“Será mejor que me busque un buen rincón donde dormir, este barrio es de los más tranquilos que he visitado, pero hay otros que no son precisamente acogedores y llegar a ellos de noche puede ser sinónimo de suicidio. No tengo miedo, pero tampoco me apetece pelear ahora. No estoy de humor. Además se está tan bien aquí… se respira felicidad. Sí, me quedaré aquí hasta mañana al menos…”
Los niños seguían corriendo, para ellos y sus familias, los habitantes de ese distrito, la fiesta no había hecho más que empezar. Encendían hogueras y se reunían a su alrededor aprovechando el calor del fuego mientras los mas ancianos contaban historias a los jóvenes quienes disfrutaban oyendo los relatos de sus abuelos.
Me senté apoyada contra un árbol y cerré los ojos… había sido un día muy largo…
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Re: Prueba de ingreso [Maria-chan, Roxas]

Mensaje por Sagara sousuke el Lun Ago 18, 2008 6:30 pm

2º parte de la prueba

ROL MASTER



Al ponerse el sol, la ceremonia de inaguración del parque dió comienzo. Todo el mundo se arremolinaba alrededor de la puerta principal que daba acceso al parque, rodeando a un pequeño grupo de personalidades entre las que se encontraba el alcalde con algunos de su equipo, el arquitecto que diseñó el parque, e incluso una persona que suscitaba unas miradas de desconfianza a la gran mayoria de los presentes, un shinigami.

El inicio de la ceremonia se desarrolló sin el mas mínimo problema, ya que la presencia de un shinigami no era suficiente para enturbiar un dia tan especial para el distrito. El alcalde cortó la cinta que se habia preparado para la inaguración y empezó la fiesta.

Muchas de las personas se acercaban tanto al alcalde como al arquitecto para felicitarles por la maravillosa gestión que habian hecho cuando inesperadamente una explosión destrozó un pequeño castillo que se habia construido para el recreo de los niños.

Cundió el pánico, los padres llamaban a sus hijos con la esperanza de que no les hubiera pasado nada, todo el mundo corria para alejarse del parque mientras del humo salian las figuras de unos hombres armados.

El shinigami se interpuso entre los asaltantes y el alcalde con el fin de protegerlo, los padres cogian a sus hijos y salian corriendo y tres personas se quedaron contemplando lo ocurrido, sin miedo en sus ojos sino mas bien una actitud desafiante contra los agresores.

Cuando parecia que todo esto no podia empeorar, el alcalde profirió un grito que bien podria haberse dicho que le hubieran quitado la vida. Vió como uno de los hombres armados habia cogido a su hija y la habia dejado inconsciente justo antes de cargarsela al hombro y salir corriendo.

El parque estaba ya casi vacio cuando el shinigami habló por primera vez en toda la noche, con una voz tan grave que todos los que la oyeron no podrian olvidarla durante un tiempo. Giró la cabeza hacia los tres chicos y les dijo: Hafsa, Kira, Roxas, vuestro deber ahora mismo es perseguir al hombre que se llevó a la hija del alcalde, se llama Kaede. Encontradla, rescatadla y traedla aquí sana y salva. Las preguntas las contestaré mas tarde, cuando todo esto se haya solucionado.

Tras decir esto el shinigami se encaró con los mas de una veintena de asaltantes que habian aparecido en el parque y haciendole señas al alcalde para que se pusiera a salvo, desenfundó su zampakutoh listo para empezar la contienda.

Spoiler:
Una condición para vuestros post, podeis extenderos lo que querais, pero debeis alcanzar al hombre que ha secuestrado a la niña al final del post

Spoiler:


Roxas



- Por Dios, cuanta gente...- pensé cuando paso por mi lado una tonelada de niños corriendo, lo divertido fue cuando pasaron una tonelada de padres corriendo detrás de cada unos de ellos.
Estoy segura que la puerta era más grande, se hacia chiquitísima había mucha gente intentando entrar a la vez. Había un tumulto de de personas un poco mas allá, vi la cabeza del alcalde, luego muchas cabezas, otra cabeza y unos planos, un arquitecto, las cabezas se movían rápido, cambiaban con cada persona nueva que pasaba por ahí. Persona que pasaba, y la cabeza de ambos aparecía en otro lugar del pequeño círculo.

Avance un poco rodeando el gentío y mira con lo que me encontré...
- Un shinigami- dije pensando en voz alta. De inmediato la gente que estaba cerca de mí miró en la misma dirección que yo, luego, para mi sorpresa me miraron feo. Sonreí. - Vamos a ver como son las cosas, me miran feo-.
Un shinigami, hacia tiempo que no veía uno, es decir, harán unos 40 años quizás. Vestía de negro, su cinto blanco, su katana, oí gritos, oí mi nombre, volvió mucho a mí.
Cerré los ojos un momento y me dirigí hacia un costado del parque y me quedé mirando desde un lugar que no estaba ni muy lejos ni muy cerca del centro del parque cerca a la vez de mi campito de flores personal. Había por ahí un pequeño podio para efectuar algún acto, el de inauguración.
Empezó la ceremonia, muy linda, la gente estaba maravillada y muy atenta. La presencia del shinigami había pasado a la historia, aunque nunca había dejado de estar, es solo que, la gente lo había ignorado como se ignora la presencia de una enfermedad terminal.
Y vino la fiesta. Los niños parecían tener alas en los pies, increíble, la forma de moverse estos chicos. La explanada esta llena de gente y desde los mas jóvenes hasta los mas viejos disfrutaban al unísono. Había un castillito cerca de ahí, los gritos eran ensordecedores, risas, alaridos, de todo. Había tanta felicidad en el aire que parecía pegajosa. Estaban manteles rojos típicos de pasos al aire libre y fuegüitos artificiales por todas partes.

El ruido que siguió ya no fue de alegría, mas bien fue un retumbo que hizo saltar de un grito a toda la gente del lugar. Me puse de pie con viento fresco, no me costó mucho pues la gente que paso en estampida me levantó mas rápido de lo que yo misma podía haberlo hecho.
Los gritos venían mas fuertes desde donde estaba el castillo que técnicamente ya no estaba más.

- No puede ser, los niños-

Me levanté en aún más para poder ver que pasaba, contando que el castillo ya no existía, los enanitos corrían buscando a sus padres y los padres aullaban los nombres de los enanitos, fue extraño, no me llego el sentimiento de terror de los padres, si me llegó el terror de ver lastimados a los niños. Los ancianos corrían con ayuda del resto de la gente, los hombres tomaron a las ancianas y las cargaron junto con los niños. Los ancianos salieron junto los niños que ya tenían padres encontrados.

Bueno, ya estaban todos afuera, no me quise ir me quedé viendo lo que había detrás de ese latoso incidente, hace un rato ya los había visto, una turba de hombres armados, muchos a decir verdad.

- Mira tremendos bastardos, mira los voy a cargar-
El shinigami salió de su letargo y de atravesó entre los bandidos y el alcalde a fin de protegerlo, no hizo nada más que eso, bastó debo decir, su mirada era intimidante.
Ya no escuchaba a nadie cerca de mi en el parque, el silencio era sepulcral. Miré hacia los lados de reojo y vi un chico y una chica, aunque no vi bien, creo que no nadie quedaba en el parque, no estaba segura.

Un último grito me terminó de partir la cabeza. Miré al alcalde que había entrado en estado de shock la mirada estaba clavada en un sujeto que se había unido al grupo y tenía un bulto en sus brazos.

- Una niña, imposible, la hija-
- Uhhh, de esta no se salvan ahora si que me los cargo, asquerosos cobardes

El tipo que había tomado a la niña se dio la vuelta y se largo, como si llevara una saco de plumas con él. Del alcalde solo quedaba su cuerpo, no había conciencia.

El shinigami abrió la boca y habló, fue escalofriante realmente escalofriante. Se giró, hacía mí y después de verme giró hacia los dos chicos que estaban también en el lugar. Los miré solo un poco mejor, pero distinguí a la gente que todavía corría, unos niñitos en los brazos de sus padres lloraban con todo lo que tenían.

- Hafsa, Kira, Roxas, vuestro deber ahora mismo es perseguir al hombre que se llevó a la hija del alcalde, se llama Kaede. Encontradla, rescatadla y traedla aquí sana y salva. Las preguntas las contestaré mas tarde, cuando todo esto se haya solucionado-
Dicho esto, se lanzó sobre los maleantes sacando su espada mientras el alcalde corría para poner a salvo. Empezaron un lucha encarnizada.

Ahora si que no me pude aguantar la cara de sorpresa.
- Se sabe mi nombre, vaya sorpresa-

No había mucho que hacer, recapitulé, fiesta bonita, explosión, idiotas, la niña fue raptada y nadie que haga algo para rescatarla.

- No hay nada que hacer, solo salir a divertirse, qiuzás romper algunos huesos, vamos, vamos -

Este kimono era realmente una molestia, ¿como se supone que voy a poder correr?.

- Ahora veamos, si este kimono molesta voy a tener que cortarlo- pensé en voz alta. Acomodé mis zooris y tome mi pelo con el lazo le llevaba conmigo y me subi las mangas. - Bueno chicos- me dirigi a los dos, en realidad soy tan mala con los nombres que preferí no hacer el ridículo -No se ustedes pero yo me largo a buscar a esa niña, emmm Kaede si escuché bien, me voy ahora, nos vemos más adelante. ¡Adiós!- Me di la vuelta y me comencé a correr.

Era de noche y no veía mucho, pero veía estaba entre emocionada y preocupada. Crucé corriendo a toda mi velocidad a través de los árboles. Aunque nunca había estado ahí, no se me hacía problema seguirle el paso al rufián ese. Estaba todo despejado, además la luna creciente iluminaba mi camino bastante bien. Detrás de mi oí pies corriendo, no sabía quien era, así que corrí todavía mas rápido.

- Si corro mas rápido, puede que esos dos me pierdan de vista, pero no me apuro se me escapará-
Ahí estaba, le vi la espalda, se desplazaba con una facilidad increíble, no parecía que llevara a una niña con un mínimo de peso consigo.

- Si te pillo te mato -
Esbocé un pequeña sonrisa, estaba emocionada porque ya lo tenia en la vista, lo iba a agarrar y tenía que ver a salvo a la chiquilla.
Me acerqué, cada vez más. Ya podía distinguir el bulto, luego, le veía bien los pies, y ya lo tenía a la mano.

- Te tengo -

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